A veces solo quiero ver el campo,
a veces yo solo y el campo,
fiel montaña compañera.
Habitar un piano,
comer sus notas o junto a ellas,
dormir y llorar sobre su vibrar.
Junto al invierno sueña mi espejo,
bañado en el vaho que respiro.
Un viento abre la ventana,
mi espejo despojado de mi aliento,
abre y despega mis ojos,
nunca te he visto tan claro,
nunca he tenido tanto miedo de la primavera.
Dibujando lo invisible, transitando mi reflejo,
ansiando el balanceo floral de un violín,
temo que la luz de abril deje de cantarme.
Solo anhelo los colores
que transportan las abejas,
bello presagio de nacimiento
de mi pensamiento sobre ventanas huecas,
pétalos en melodía y polen acompasado
transmiten mis nieves,
en ríos dibujados sobre sonrisas,
fábricas del futuro,
objetos imaginados con tu piel,
derriten mis hielos,
inundan la mirada,
el corazón se despeja,
la visión se nubla,
y el calor, el calor puede matar,
cualquier síntoma de frescor,
tal vez el mar pueda ayudar,
es posible que la ola te acune,
teatro del sudor rozando la orilla.
Espero ser cuando estes,
quiero estar cuando llegues.
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