viernes, 22 de marzo de 2013

 
 
 
 
 
 
 
 
Tratando la noche como color,
abrir el estuche y encontrar la mañana.
Sonrisa de rocío,
lágrima de hoja.
Fuera, en la calle tuya,
separadas las legañas,
color húmedo y tremprana alegría...
...aquello?
El hombre borrador!
Rápido llamas a tu legión y la de tus amigos y los suyos, todos alma en punta.
 Una gran nube de carboncillo cayó sobre el hombre borrador.
Tu despertar era tu dormir.
El final del ataque fue una simbiosis en instantes necesaria.
La mayoría se convirtió en alma inmortal gracias al alma del pequeño hombre.
 
 
 
 

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