En el puerto,
chupitos de petróleo,
vuelos embarcados.
La tranquilidad es abrupta,
sonido salado y lejano,
noto diferente tu lejana presencia,
como brisa rozando la sal diluida en el mar.
Dedos atosigan un piano,
al unisono corren con el viento.
Pienso que debería,
pintar el cielo,
el debería llorar
para limpiarme.
Todo va, ola que viene,
en el camino posterior
luce y brilla la primavera,
un manto de pétalos.
Una pequeña voz canta, lenta,
simple nota la acompaña,
alargada melodía, corto sollozo,
entre agallas y aletas.
Pescar no es mas que aprender a vivir.
Inmortal siendo tu cebo,
camino en boca de mar,
presa fácil en tu orilla,
reflejo de ola sin señal.
Entre muelles húmedos,
enroscadas redes sin atardecer,
barco sin timón y rumbo fijo,
allí me clavo, como un anzuelo.
Solo palabras ahogadas,
prosa equivocada,
letra salada, acento agridulce.
Llorar como lo hace el mar,
reír al compás del ancla.
Linea salada,
camino sediento.
Capaz de comer el mar y
beber liquido cangrejo,
estrella celeste de mar,
recojerá mi vuelo de espuma.

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