miércoles, 24 de abril de 2013




  EL SONIDO CREPUSCULAR DE LOS ABISMOS                 

 

  Llegué, como me dijo el viejo de la cabaña. Estaba allí, delante de la puerta del castillo viejo, solo. Era de noche, pero sin embargo había mucha luz, una luna llena ayudaba a mi visión. Me decidí a llamar con el puño pero nadie habría, espere… me dispuse a llamar de nuevo, antes de hacerlo recordé lo que me había dicho el viejo de la cabaña,  había de llamar solo una vez y gritar silenciosamente.

  Llame una vez solo y grité silenciosamente. Me callé, al momento escuché unos pasos al otro lado de la puerta acercándose, la puerta comenzó a abrirse, despacio. Poco a poco comenzaba a divisar una pequeña sombra entre la puerta y el marco. Cuando la puerta estuvo abierta del todo vi a la personita que la abrió, sin decirme nada me hizo una señal para que entrase, entre y le dije: Hola, pero él no me contesto, entonces levante la vista y observe todo lo que había a mi alrededor mientras el cerraba la puerta, aquí dentro era de día, al volverme a mirar a la personita ya no estaba, había desaparecido. Seguí el camino que se abría frente a mí, a los dos lados del camino habían maravillosas jardines llenos de flores, árboles frutales….y todo lo más bello que alguien pueda imaginar jamás, al final del camino se divisaba una enorme y preciosa casa y pensé que dentro podría residir una mujer demasiado bonita para lo que nunca antes podría haberme imaginado y pensé en arrancar una de las flores de colores para ella, pero cuando arranque la flor creí que el mundo iba a explotar en ese momento. De repente desaparecieron todas las flores y todo lo bello que había a mi alrededor menos unos cuantos arboles que quedaron completamente desnudos y raquíticos. Solo se escuchaba el fuerte silbido del viento que como todo comenzó repentinamente, también llovía fuertemente, frente a mis pies ahora se abría un abismo muy profundo. Todo se hizo negro y tenebroso. Detrás de mí habían millones de grillos amontonados. No sabía qué hacer ante semejante y repentina descomposición de formas, cada vez el silbido del viento era más fuerte y los millones de grillos también comenzaron a tocar como una gran orquesta desafinada, me estaba quedando sordo, solo quería desaparecer de ese lugar. De repente cesa de llover y al borde del abismo crece una hierba mojada, los grillos tras de mi comienzan a empujarme, resbalo con la hierba y caigo en el abismo.

 Pasado un tiempo el viejo de la cabaña les contaba a unos niños lo ocurrido:

   -Al caer lo único que se escucho fue, el sonido crepuscular de los abismos.

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