copas precipitandose
en un descampado urbano,
enriqueciendolo con
su simiente turbadora y
humeda,
huella labial clavada
en tierra ya olvidada,
pequeños trozos de vidrio
olvidados en un diminuto
desierto rodeado de vida,
descansando ya en calma
y solo alimentandose de
un rayo solar,
tal vez solo uno al dia,
en el cual retoman vida
rebotando esa luz muy corta
y efimera, pero
exultante y llena de luz cegadora de amor

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